Textos / Javier Hernando Carrasco. 1996

Javier Hernando Carrasco. 1996

LA INCONTINENCIA EXPRESIVA
“Cuatro tiempos”. Galería Tráfico de Arte. León. Mayo 1996 ///

La obra de este escultor puro se enmarca en la tradición expresiva de nuestro siglo – pienso en las obras de los expresionistas alemanes – retomada ya más recientemente por la generación de los sesenta: Baselitz por ejemplo y que también ha tenido en España su rebrote en los ochenta a partir de los trabajos del gallego Francisco Leiro. El nexo de unión viene dado tanto por una cierta poética de arrebatada expresión como el protagonismo del material utilizado: la madera que orienta el resultado al dotar a las formas de una gran potencia plástica y propicia la tendencia hacia la simplificación: lo general frente a lo particular. Pero desde una perspectiva más lejana, esa concepción escultórica conecta con la de Miguel Ángel para quien la materia, la piedra en su caso, contenía en su seno todas las formas que el talento del artista debía sacar al exterior a base de togliere, o sea, de quitar la materia sobrante. La elección del momento en que debe dejarse de quitar es pues decisiva en este trabajo y así Amancio González fluctúa entre algunas obras en las que la figura emerge semioculta del bloque leñoso y otras donde aquélla parece haberse desprendido totalmente de su corsé.
Las dos obras elegidas para esta muestra pertenecen a la segunda opción. La primera un homenaje a Robert Capa y su famoso Republicano caído, está concebida con un sentido clasicista, dado su cuidadoso modelado. Tomando el tren inferior del hombre caído y colocándolo en el sentido inverso a como aparece en la fotografía, parece clavarse en la tierra tras un agitado movimiento de sus extremidades. Precisamente en éstas (brazos y piernas) y sobretodo en sus pies y manos se concentra el vigor, el coraje del personaje antes de su exhalación. La obra es rica en puntos de vista, algunos interferidos por las líneas definidoras del cubo que acoge la figura, aislándola más metafórica que realmente. La otra pieza, una enorme cabeza depositada sobre el piso, rememora las esculturas barrocas de San Juan Bautista cuya cabeza decapitada reposa sobre una mesa o a veces sobre una bandeja, como si se tratara de una cabeza servida. La de Amancio, de definición sumaria, concita la atención por la combinación de su elevada escala, del color, de la poderosa volumetría y de una voluntaria tosquedad en el tratamiento. Como en el caso anterior el cubo inmaterial concreta y orienta la atención del espectador. El gesto de la imagen se combina en ambas con el gesto de la materia en un muy eficaz refuerzo.

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