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Luis García Martínez. 1996


Catálogo. Palacio de Pimentel. Valladolid. Abril. 1996 ///

Amancio González, nace en Villahibiera de Rueda (León), en 1965. Se inicia en el mundo de la pintura de forma circunstancial, interesándose posteriormente de forma autodidáctica por el mundo tridimensional, utilizando la madera como soporte básico para el desarrollo de su obra escultórica.
En sus primeros trabajos, parte del descubrimiento y adecuación de las potencialidades del material, consiguiendo un enriquecimiento de la idea primigenia, tomada ésta, únicamente como punto de partida, hecho que implica un alto grado de contemporaneidad al incorporar de una forma clara el hecho procesual como parte fundamental de la obra, tanto en sus aspectos técnicos como plásticos. En las primeras fases de su obra y más concretamente en las esculturas realizadas en 1991, Amancio se encuentra cómodo dentro de los límites del tronco, elemento que utiliza con gran sabiduría, desde una perspectiva formal y simbólica, aprovechando cualquier característica específica del mismo al máximo.
Sus tallas, realizadas con una utilización agresiva de las gubias, reflejan la gran riqueza de texturas y matices que se pueden conseguir mediante un tratamiento atrevido y directo, que potencia de una forma evidente el componente expresivo.
El tema central, la figuración, se ve sometida a fuertes tensiones y deformaciones, sin caer en el efectismo tremendista del expresionismo, acercándonos a un mundo de metáforas que dota de una fuerte carga existencialista.
En algunos casos, su obra utiliza la parte como referente del todo, articulando el componente figurativo con el abstracto pero con una relación sintáctica perfecta. Sin embargo, en otras muchas obras la figuración se muestra plena en su apariencia formal, introduciéndose en un fenómeno dramático cercano al gesto, a la síntesis expresiva, que evoca un trasmundo psicológico en el cual la soledad, el miedo y la tensión, dominan este particular universo escultórico.
Si bien es cierto que en estas primeras fases, el tronco y el cilindro como elementos simbólicos, tienen un fuerte desarrollo, posteriormente introducirá el acople de maderas para conseguir romper con la constante verticalidad y la escasa relación espacial de la obra con el exterior, quebrantando con el constreñimiento de la figura al cilindro.
Este planteamiento de diferentes piezas combinadas, implica un cambio cualitativo con respecto a la génesis de la pieza final, potenciando de esta forma un estudio previo mucho más profundo que en fases anteriores.
En este tipo de esculturas, incorpora un dialogo interno y externo entre la madera y el espacio circundante, la obra se hace más abierta y comienzan a aparecer diferentes componentes: el suelo, la escalera, etc. Como elementos potenciales de inestabilidad, equilibrio y movimiento. Inicia claramente la introducción de la referencia al marco donde se ubica la figura, utilizando en muchos casos la sugerencia arquitectónica. También incorpora, en algunas ocasiones el concepto de peana integrado como parte estructural de la obra.
En general Amancio González combina a la perfección el arcaísmo primitivo con la contemporaneidad.